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Dia 5

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Luego de que se realizaran los talleres de agricultura biológica y fotografía, la Expedición partió a las once de la mañana desde Gachancipá rumbo a Tocancipá. El trayecto de hoy comprendió siete kilómetros, que la Expedición recorrió en una hora y cuarenta minutos.

La tripulación se redujo porque el navegante Luis Fernando Vásquez, director de la Fundación ‘Al Verde Vivo’, viajó con el guía Leonardo Guarín a Santafé de Bogotá para encontrarse con los candidatos a la Alcaldía de la ciudad y concertar sobre la problemática del Río. Luego del acto, los expedicionarios Miguel Gil y Miguel Castillo, quienes también se ausentaron, decidieron navegar con Luis Fernando y Leonardo en la desembocadura del Río Juan Amarillo, en el Bogotá.

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Por esta razón el bote de mayor capacidad, ocho tripulantes, fue reemplazado por el ‘Colman’, de seis, que finalmente se pudo reparar. El recorrido de hoy fue mucho más corto y a la vez más relajado, no sólo porque no había tantos obstáculos sobre el Río, sino también porque poco a poco los inexpertos navegantes han aprendido a sortearlos con agilidad.

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El paisaje no varía mucho con respecto al día anterior, el Río disfruta de que los sauces extiendan sus ramas para darse un baño y estos no cesan de sumergir su extensa cabellera. "Es muy bonito y ‘chevere’ porque los arboles dependen del agua y el agua depende de los arboles" dice Elmer Sánchez, un joven habitante de la vereda ‘La Esperanza’, en el municipio de Tocancipá.

Sin embargo, los plásticos que cubren las extensas plantaciones de flores corroen el valle por el que atraviesa el Río, la quema de los desechos de clavel se realizan muy cerca de su cauce y los desagües, que poco a poco van apareciendo, concentran el olor penetrante que éste despide.

La Expedición llegó a las doce y cuarenta y cinco minutos del medio día, a la vereda ‘La Fuente’.

De inmediato se tomaron las muestras de agua, se sacaron los botes y se realizó el taller de fotografía. Después de esto, los tripulantes visitaron la laguna de oxidación de Tocancipá, al lado de la cual se encuentra el basurero municipal. Después del almuerzo, en la plaza del pueblo, se realizaron los talleres de origami y dibujo. Ya al caer la tarde, a las cinco y media, el tocancipeño Santiago Sánchezpasó con su camioneta Ford (de color verde) por encima de unos equipos de navegación y daño una de las bombas para inflar los botes.

Aunque Sánchez se negaba a responsabilizarse del daño, finalmente arregló con los expedicionarios por cincuenta mil pesos.

La bomba, sin embargo, cuesta cien mil pesos en Santafé de Bogotá y el señor Sánchez salió ganando por punta y punta; no solo porque el dueño de la bomba se la dejó a la mitad de precio, sino también porque escondió la otra que había dañado. Ahora sólo queda una bomba para los cuatro botes de la Expedición.

Mañana la Expedición partirá rumbo a Zipaquirá en una de las jornadas más largas. Son treinta y cinco kilómetros de navegación a lo largo del altiplano.

Sanchez