Fundación Al VerdeVivo
Notas de prensa

UN RÍO SIN ÁNGEL
La decisión de la Administración Distrital de revisar el oneroso contrato de las plantas de tratamiento para descontaminar el río Bogotá es un episodio más en la ya larga agonía de un putrefacto río al que la ciudad y el Gobierno Nacional le han dado la espalda por tantos años.
Es larga la lista de estudios y propuesta para salvarlo y muy poco lo que se ha hecho en ese sentido. El río sigue siendo una vergonzosa cloaca de aguas negras y son de tal dimensión sus niveles de descontaminación que el impacto de las plantas de tratamiento, operadas por el consorcio francés Degremont-Lyonnaise des Eaux (Bogotana de Aguas y Saneamiento, BAS), para lo que le cuesta a la ciudad, ha sido insignificante. Echar para atrás todo este proceso, para buscar nuevas alternativas, sería un tremendo error. Lo que se hace evidente es la ausencia de una política de Estado que trascienda las administraciones y aplique con decisión política las distintas alternativas de descontaminación que se han discutido en forma sistemática desde la década de los 70 y que hoy son letra muerta.
Un estudio reciente de la CAR revela que los daños a la cuenca del río Bogotá abarcan 84.216 hectáreas en la cuenca alta y 25.115 hectáreas en la baja, es decir el 70 por ciento de la zona de influencia del río, y afectan a una población de 700 mil habitantes, el 75 por ciento de ellos del área urbana, que viven en los barrios más occidentales de nuestra capital. Esto comprueba, dice el estudio, que Bogotá “además de generador del problema de la contaminación, es un importante receptor de los impactos de la misma”.
¿Por qué está el río Bogotá cada vez más cerca de la muerte? Como lo anota la Fundación Al Verde Vivo, que ha conseguido los únicos resultados reales de descontaminación en un trayecto, todo trabajo encaminado a limpiar sus aguas será inútil si no viene acompañado de estrategias que eviten contaminarlas. Se trata de no contaminar para no tener que descontaminar. Ese principio explica por qué en medio siglo la situación ecológica del río se ha agravado al extremo, y muestra también cuál es el camino que hay que seguir.
No contaminar es una acción barata y mucho más efectiva. Descontaminar el río le cuesta anualmente a la ciudad cerca de 75 mil millones de pesos - 6.581 millones mensuales-, sin lograr aún un impacto importante en su limpieza. Ni siquiera se ha reglamentado la ley sobre tasa retributiva, que obliga a quienes le arrojan residuos a pagar los costos de la descontaminación. Uno de los principales contaminadores es la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, pues vierte al río las aguas residuales de los siete millones de habitantes del Distrito. Hasta hace muy poco, la EAAB no pagaba la tasa por vertimiento y tiene ahora una demanda en los tribunales por no pagar la tasa de uso del agua.
Hay que emprender sin demoras las acciones que sean necesarias para obligar al Estado, al sector industrial y al agroindustrial a asumir sus responsabilidades, a través de la tasa retributiva, por ejemplo, frente a la cuota de contaminación que les corresponde.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Sábado 11 de Octubre de 2003

UN BOSQUE POR EL RÍO BOGOTÁ
La Fundación Al Verde Vivo lanzó la campaña empresarial “Adopte un bosque” mediante la cual se pretenden sembrar varias hectáreas a orillas del río Bogotá.
De acuerdo con Fernando Vásquez, presiente de esta ONG, el programa busca que las compañías se comprometan a sembrar una o media hectárea con especies como alisos, raques, guaques, hayuelos, jucos, ahumaderos y ciros.
Hasta el momento se han solidarizado firmas como Bayer, Ebel, Colmotores, Organización Éxito, Leona, McCann Erickson y Texaco.
Vásquez señaló que esta vinculación representa para las organizaciones exenciones de impuestos, mejoramiento de imagen e integración empresarial, entre otros beneficios.
Las personas que quieran participar en la campaña pueden hacerlo con una donación de 15 mil pesos por árbol, dinero que cubre siembra, mantenimiento, transporte y mano de obra.
Hace un año, la Fundación emprendió la campaña “La alcancía más grande del mundo” que buscaba la plantación de 300 mil árboles en el río Bogotá en tres años.
Sin embargo, aseguró Vásquez, la idea no ha funcionado y ya han sido recogidas decenas de alcancías, pues la gente no ha aportado dinero.
El directivo espera que los bogotanos hagan sus donaciones en las 1.100 alcancías que estarán hasta diciembre en centros comerciales y almacenes de cadena.
“Todos somos parte del problema del río Bogotá y también debemos ser parte de la solución”, sostuvo.
Aclaró que esta campaña cuenta con la auditoría de la firma Price Waterhouse.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Viernes 29 de Agosto de 2003

SUESCA SE VISTIÓ DE VERDE
Con la donación de 1.500 árboles nativos, en el municipio de Suesca, la empresa Texaco emprendió una campaña para la recuperación del río Bogotá.
El evento se realizó el pasado martes en la antigua estación del tren del municipio y contó con la presencia de Sergio Neira, gerente general de Texaco; Julia Miranda, directora del Departamento Administrativo del Medio Ambiente (DAMA); Luis Fernando Vásquez, Presidente Fundación Al Verde Vivo y Néstor Malagón, Alcalde Municipal.
Según, Neira, la recuperación del río Bogotá tendrá un fuerte impacto no solo ambiental, sino también en lo referente a la generación de empleo, ya que ayudará a desarrollar la actividad pesquera, el turismo y el sector industrial asociado al río.
Así mismo, Neira invitó al sector privado a creer en el país invirtiendo en el medio ambiente, para así contribuir al desarrollo económico.
Como balance de la problemática que se está presentando con la contaminación del río Bogotá, Luis Fernando Vásquez, explicó que tan solo ocho de los 36 kilómetros del río, están vivos.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Sábado 02 de Noviembre de 2002

PRUEBA EXTREMA SIN FINAL
Saber cuál de los 24 equipos sobrevivientes había terminado en el primer lugar no fue una motivación suficiente para que los 96 competidores se quedaran un par de horas más en Suesca y asistieran a la premiación del Eco-recorrido Powerade, una carrera de deportes extremos que terminó ayer al norte de Bogotá.
En la competencia, que había comenzado en la mañana del sábado con una caminata de 20 kilómetros, arrancaron 32 equipos mixtos de cuatro personas con la idea de competir en cuatro disciplinas más: kayak en aguas blancas, ciclomontañismo, neumating (descenso en neumáticos viejos por el río Bogotá) y escalada en roca.
“El sol era demasiado fuerte. Además, el cansancio y las ampollas en los pies le habían mermado las fuerzas”, dijo Germán Ortegón, uno de los organizadores de la prueba, para explicar por qué los deportistas habían preferido irse en la tarde de ayer a sus casas, luego de una última caminata de tres kilómetros.
El grupo se había reducido en la madrugada de ayer, luego de la caminata inicial de 20 kilómetros (el primer equipo se demoró dos horas y media en hacer el recorrido); de la prueba de 1.200 metros de kayak en la represa del Sisga, que se demoró cerca de una hora y cuarto; y de los 72 kilómetros en bicicleta de montaña, en los que los participantes emplearon, en promedio, unas siete horas.
Después de esto, cuando el último equipo llegó a la meta a la una de la mañana, vinieron las deserciones. Por eso el grupo de 128 aventureros no estaba completo para ayer para el neumating por el río Bogotá, durante el cual lo que aguantaron la primera jornada sembraron árboles en la orilla y recogieron basura antes de realizar una escalada de 20 metros. A los demás ya no les quedaba aliento.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Lunes 9 de Septiembre de 2002

EL RÍO SIGUE MURIENDO
Hace ya más de medio siglo que se viene hablando sobre la importancia y la urgencia de recuperar el río Bogotá, arteria que influye sobre una cuenca con más de 15 millones de personas. Mucho se ha dicho y poco se ha hecho a este respecto el Estado. Las mayores iniciativas han corrido a cargo de personas y de empresas como la Fundación Al Verde Vivo, que entienden el problema gravísimo que la contaminación del río Bogotá está ocasionando en la salud de los moradores de la cuenca.
La Fundación ha propiciado varios viajes tanto en la cuenca alta como en la cuenca baja del río. En el último de ellos, por la primera, participó como invitado y observador el ingeniero Walter Reinhard, enviado por el Ministerio del Medio Ambiente de Alemania. Tras un recorrido minucioso, el experto formuló recomendaciones precisas que podrían ser decisivas para la recuperación del río, siempre y cuando exista en el gobierno colombiano y en las industrias privadas contaminidadoras la voluntad de colaborar.
De acuerdo con lo observado por el ingeniero alemán, la contaminación del río obedece principalmente al vertimiento de residuos industriales, que comienza con las curtiembres en Villapinzón, sigue con las plantas cerveceras de Tocancipá, las industrias cosméticas y el matadero, la toma de agua para la fábrica de cervezas en Zipaquirá, donde las aguas ya adquieren un estado crítico, y culmina en el sitio donde se descarga el 70 por ciento del agua residual de Bogotá. Allí el río se convierte en agua muerta, sin oxígeno y es una verdadera amenaza para la salud humana. El ingeniero Reinhard la clasificó en la peor clase, es decir, “agua con excesiva contaminación fuerte”.
Para enderezar los entuertos contra el río Bogotá, el experto recomienda diseñar y construir, con la mayor brevedad posible, plantas de tratamiento para Villapinzón y las curtiembres, a las que, además, se debe dar asesoría en forma de mejoramiento del proceso y del reciclaje del agua usada; mejorar en las plantas de tratamiento existentes, en especial en Chocontá, el funcionamiento en épocas de lluvia, para lo cual habría que construir cámaras o tanques que permitan coleccionar el agua mezclada (residual y pluvial) hasta por una hora; levantar el umbral en la entrada de la planta de Chocontá e introducir un autocontrol en las plantas que incluya el análisis de aguas a la entrada y salida; capacitar el personal mediante cursos e intercambios.
También recomendó desconectar la industria de la red cloacal de Tocancipá e implementar un pretratamiento propio para las empresas; construir, con carácter de urgencia, una planta de tratamiento para la fábrica de Papeles y Molinos o cerrar la producción; reforestar la ribera entre Gachancipá y Zipaquirá; mover la toma de agua de la fábrica de cerveza de la mitad del río a la orilla izquierda; diseñar y construir una planta de tratamiento en la zona de Gibraltar en Bogotá, donde se descarga el agua del alcantarillado de la ciudad, y desarrollar un plan integral de explotación para la cuenca alta del río Bogotá, incluidas las aguas aguas residuales municipales e industriales, el acuífero y los rellenos sanitarios, y conseguir asesoría y ayuda externa.
Todo eso, sin duda, puede ser arduo y costoso pero, como dice el ingeniero alemán , resultaría más costoso no hacerlo. Lo básico, en principio, es que los industriales entiendan que nada se saca con descontaminar si ellos continúan vertiendo porquerías al río.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Sábado 04 de Agosto de 2001

¿HARÁN FINALMENTE ALGO CON EL RÍO?
“TODO DEPENDE DE LAS GANAS, DE QUERER HACERLO, DE QUE EL GOBIERNO VOLTEE SUS OJOS HACIA ALLÁ”
Ha venido tres veces. En la primera visita analizó. En la segunda aconsejó. En la tercera advirtió. Ya está cansado de que lo traigan a hablar y no le paren bolas a lo que dice. Sin embargo, promete volver. Es Walter Reinhard, un ingeniero alemán invitado por la Fundación Al Verde Vivo, organizadora del Tercer Encuentro Mundial de Ríos, en Bogotá. Es representante del Ministerio del Medio Ambiente del Estado Federado Hesse, y dice que “no ha visto muchos cambios a lo largo del río ni a lo largo del tiempo”.
Sus recomendaciones se centran en seis puntos básicos: mejorar las plantas de tratamiento existentes, construir nuevas (para lo cual, las autoridades deben establecer permisos con exigencias y plazos), desarrollar un plan de arborización en las riberas para reducir la contaminación, crear estaciones de muestreos para controlar permanentemente la calidad del agua, fijar programas de reciclaje y modernizar el pretratamiento de sustancias peligrosas. Según él, hay varias de ellas que son muy fáciles de seguir por su economía y por su viabilidad. Todo depende de las ganas, “de querer hacerlo, de que el Gobierno voltee sus ojos hacia allá”. Sabe que para las otras se necesita dinero, pero según él, no es mucho si se analizan los beneficios. “Lo que hay que hacer es no mostrar las cosas más difíciles de lo que son. Salir de la discusión y comenzar la acción para se vean los hechos”.
Se refiere, específicamente, a mejorar las plantas de tratamiento existentes, capacitar a quienes las manejan y hablar con las curtiembres de Villapinzón (Cundinamarca) para que se conecten con una red cloacal. De hecho, este municipio –el primero por donde pasa el río- no tiene plantas de tratamiento. Y para completar, es uno de los que más lo contamina porque allí hay una industria mal planificada. Sin embargo, van a comenzar las conversaciones. “El único avance es que ya se ha creado conciencia entre las comunidades, mas no en las autoridades”, admite.
Pero no es suficiente. Andrea Nardini, fundador y directivo del Centro Italiano para la recalificación Fluvial (Cirf) con sede en Venecia (Italia), siempre se ha preguntado ¿por qué cuando se habla de un plan, ya sea de manejo de cuenca o de ordenamiento territorial o de lo que sea, la gente se imagina un arrume de papel inútil?.
PRIMERO LO PRIMERO
Por eso, Nardini prefiera hablar de una evaluación. Específicamente, la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE), una figura que comienza a tener auge en el ámbito internacional, pero que ha creado gran confusión. Este nombre rimbombante se refiere a un instrumento preventivo que evalúa los impactos ambientales de políticas, planes y programas de desarrollo.
Lo que se haría en el caso del río Bogotá, según el italiano, es partir de una lista de verificación de impactos que relaciona las diferentes actividades, es decir, cultivos, curtiembres, industrias, hogares, etc. Luego, propone una negociación win-win (en la que todos ganan), con las comunidades, pues “cuando las partes están satisfechas con los resultados, trabajan con empeño para alcanzar el éxito”, explica el experto invitado al encuentro de ríos.
Un buen ejemplo de estos es el del Estado Federado de Hesse (Alemania), donde desde hace dos años hay una Alianza del Medio Ambiente entre el Ministerio de ese ramo y unas 450 empresas y talleres, como fábricas de cerveza, fábricas de automóviles, empresas artesanales y hospitales. “Los miembros – cuenta Reinhard- se han comprometido a mejorar voluntariamente la situación ambiental. Para eso, cumplen todas las exigencias de las leyes ambientales y todos sus procesos están encaminados al ahorro ya la protección del medio ambiente. Y si lo hacen muy bien, reciben una subvención financiera del Estado.
UNIÓN Y FUERZA
Algo similar ocurre en el río Rhin, que atraviesa los Países Bajos, Suiza, Francia, Alemania y Luxemburgo. Después de que unos cien kilómetros de este río – con su cauce, su flora y su fauna- estuvieron muertos a causa de un incendio que afectó a la compañía química suiza Sandoz, los ministros del medio ambiente de estas naciones se unieron para sanearlo.
Rainer Putz, biólogo y limnólogo alemán, gerente de Instituto forestal para la protección de la selva tropical en Friburgo y quien también asistió al encuentro en Bogotá, dice que estos países firmaron un convenio con el resto de la Unión Europea para proteger al río más grande de Europa, que comprende acuerdos sobre los principios de prevención y compensación –si hay contaminación- y que introduce la filosofía de “quien contamina paga”.
Pero la solidaridad y el compromiso mutuo se les enfrenta la imposición y el castigo. Como sucede en Holanda, donde funciona algo parecido a una ley que se llama Acta de Polución del Agua. Esta regula las emisiones de cualquier tipo que llegan a los cuerpos de agua. Las pocas industrias que tienen permiso de verter sus desechos a los ríos (básicamente el Mosela y el Scheldt) deben pagar un alto impuesto que se destina al mantenimiento, funcionamiento y construcción de las plantas de tratamiento. Quienes no cumplan tienen penas que van desde multas hasta el cierre de sus empresas.
La estrategia – explica Peter Stoks, directivo del sector de la calidad del agua en Holanda- está dirigida a la reducción de los contaminantes emitidos donde sea y cuando sea posible, algunas veces desconsiderando el costo y pagando recaudos por las partes no retenidas.
Todos estos expertos estuvieron navegando por el río Bogotá y aseguran que la situación ambiental es similar a la que vivían los diferentes cuerpos de agua que ellos ayudaron a recuperar. Lo que varía es la posición gubernamental en cada caso, la motivación de todos los actores para hacer algo positivo en beneficio mutuo futuro y, algo que se desprende de lo anterior, la inversión pública y privada.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Domingo 26 de Mayo de 2002

UNA HUERTA EN LA ARENA
Aprovechando los residuos del proceso de fabricación de la cerveza, se está fertilizando una vieja cantera en el norte de la capital.
BOGOTÁ
El suelo árido y amarillento ha comenzado a teñirse de verde. La vida está retornando a una cantera que durante algo más de diez años explotó la Secretaría de Obras Públicas del Distrito y que en los últimos siete estuvo abandonada a su suerte.
La montaña estéril está ubicada en la parte alta del barrio Soratama, en el extremo nororiental de Bogotá. Allí vive una familia que cosecha parte de sus alimentos y un poco de tiempo aspira a tener suficiente para venderles a sus vecinos.
Hace año y medio, agobiado por el desempleo y por las necesidades de su familia, Misael Beltrán, un campesino de 52 años, decidió acudir a la Junta Comunal de Soratama, en Usaquén, en busca de trabajo.
En esa época estaba por salir un plan para recuperar la cantera. Él nunca había oído hablar de aulas ambientales, ni de agricultura orgánica; lo único que quería era trabajar. Ahora es el mayordomo de la vieja arenera en donde se pretende revivir el bosque.
Este programa se inició por iniciativa de la Fundación Al Verde Vivo en Septiembre de 1999. El terreno es de propiedad del Distrito y, debido a su estado de abandono, la Alcaldía Local de Usaquén lo entregó, por medio de un pacto informal, a la Fundación.
Sembrar en arena
En diciembre de 1999, Misael y su familia llegaron a la cantera. En el lugar, a parte del terreno desértico sólo había una casa en ruinas. “Esto era una cochinada, la casa estaba rota y no había agua ni para una sopa” recuerda el mayordomo, mientras observa un terreno en recuperación, en donde sobresalen unas islas verdes llenas de pasto, un invernadero, un criadero de conejos y una jaula llena de gallinas.
Mientras se readecuaba la casa para la familia Beltrán, la Fundación se encargó de desarrollar las técnicas que se implantarían en Soratama.
El profesor Thomas Van Der Hammen, geólogo y biólogo holandés, prestó asesoría para hacer el primer inventario de especies nativas.
El paso siguiente fue llevar varios viajes de lodos sobrantes del proceso de producción de la cerveza Leona. Esta sustancia, por ser rica en microorganismos y nutrientes, resultó ser un fertilizante de alta eficiencia para la recuperación del terreno. También se acudió a la lombricultura y al compostaje. Ambos, lombrices y materia orgánica descompuesta, ayudan a oxigenar el suelo.
Una vez se preparó el terreno, el siguiente paso fue la siembra. Hoy, el proyecto cuenta con más de dos mil tallos de diferentes clases: nogal, mangle, caucho, cerezo, alisos, laureles y manzanos.
Además se creó una huerta en la que cultivan lechuga, espinaca, tomillo, cebolla, rábanos, uchuvas, entre otros.
“Hemos encontrado cosas maravillosas aquí”, dice Miguel Gil, miembro de Al Verde Vivo al señalar una roca del tamaño de una mesa y llena de fósiles. “Al parecer, hace miles de años, esta tierra también hacía parte del enorme lago de la Sabana”, explicó.
Lo árido del terreno no ha sido obstáculo para que crezca la quinua y el chocho. El primero es un cereal parecido al ajonjolí que había desaparecido de la Sabana y que paradójicamente, fue necesario traer de Alemania. La segunda es una planta de no más de un metro de alto que florece y su semilla se riega por el terreno, recuperando su fertilidad.
Lo que hay por hacer
La primera etapa del proyecto, avaluada en más de 106 millones de pesos, se realizó con la colaboración de Procter∓Gamble, que apoyará el proyecto hasta el final.
Actualmente, se está involucrando a los colegios. Se construirá el Aula Ambiental Interactiva en donde los estudiantes podrán analizar los diferentes procesos con lo que se está logrando la recuperación de la cantera.
Para Fernando Vásquez, director de la Fundación, “cuando se haya recuperado la cantera, habremos logrado nuestra principal aspiración: hacer no sólo una restauración ecológica, sino un trabajo social”. Se le calcula que en unos diez años la cantare desaparecerá por completo y en su lugar habrá una nueva montaña.
PERIÓDICO EL TIEMPO
29 de Mayo de 2001

AGUA QUE HAS DE BEBER...
Fernando Vásquez, director de la Fundación Al Verde Vivo, es un abanderado de la ecología y el pacifismo. Esta semana su Fundación celebra en Bogotá el “Segundo encuentro de ríos, lagos y lagunas de Colombia y el mundo”.
Para navegar durante 15 días por el río Bogotá, hay que ser muy loco o tener muchas ganas de salvarlo. Un poco de lo primero y mucho de lo último han llevado a Fernando Vásquez, director de la Fundación Al Verde Vivo, a tomar las banderas de esta causa que parece perdida.
Pacifista declarado , Vásquez nación en Medellín hace 50 años estudio derecho – profesión que jamás ejerció- y luego cinematografía en España. A su regreso a Colombia se dedicó a la publicidad y, gracias a una campaña que desarrolló para la Fundación Natura, se metió de lleno en el tema ambiental hasta tal punto que abandonó su oficio. También tuvo su paso fugaz por la televisión como director de Papaya, un programa de humor y opinión que generó más de una ampolla.
Hoy es director de una Fundación que no sólo se dedica a recorrer por tierra y agua el río Bogotá desde 1996, sino que también realiza diversas actividades con las comunidades de la Sabana de Bogotá, en especial con los habitantes del municipio de Suesca. Allí remodelaron la estación del tren y pusieron a andar una ecocomunidad en la que, además de promover la cultura del agua y mantener una granja orgánica, recuperan la memoria de los oficios del campo.
La Fundación celebra esta semana en Bogotá el “Segundo encuentro de ríos, lagos y lagunas del mundo”, en el que expertos internacionales, entre ellos representantes de las comunidades indígenas, debatirán un tema en el cual Vásquez y su equipo son verdaderos expertos. O si no, que lance la primera piedra quien haya navegado por el río Bogotá.
REVISTA SEMANA
Mayo 22 de 2000
EL RESCATE DE SUESCA
Después de arduo trabajo de casi tres años, será inaugurada el próximo 28 de Febrero la Escuela Ambiental Interactiva de la Estación Ferroviaria de Suesca. La promoción y coordinación de los trabajos han estado a cargo de la Fundación Al Verde Vivo, que reconstruyó en su arquitectura original la vieja estación de Suesca, levantada en 1891 para itinerario del Ferrocarril del Norte; lo que constituye la primera etapa de un vasto proyecto destinado a la rehabilitación del río Bogotá y un ejemplo del destino práctico que puede darse a otras estaciones, hoy abandonadas.
La Escuela Ambiental Interactiva promoverá la creación de una eco-comunidad, cuyo concepto del desarrollo corre en equilibrio y armonía con su entorno natural. La propuesta tendrá además un interesante efecto sobre la reactivación del turismo en la región.
Los invitados a la inauguración de la Escuela Ambiental Interactiva en la Estación Ferrocarrilera de Suesca serán llevados en tren, con lo cual se reanuda el servicio ferroviario entre Bogotá y los municipios del norte. Más de quinientas personalidades asistirán al evento.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Lunes 21 de Febrero de 2000
LOS LEGADOS QUE DEJÓ LA EXPEDICIÓN POR EL RÍO BOGOTÁ
Las tres de la tarde pasadas, el río Bogotá desemboca negro y maloliente sobre el cauce del Magdalena.
El calendario dice que es lunes, que es 29 y que es septiembre de 1997. En el municipio de Girardot termina la expedición por el río Bogotá que a lo largo de 15 días llevaron a cabo los integrantes de la Fundación Al Verde Vivo, alguien pide un cigarrillo cuando los botes inflables tocan tierra firme por última vez. “Lo único que esperamos en este momento es que esto no sea sino un comienzo”, lanza desde el cansancio de la travesía Fernando Vásquez, director de la Fundación. Algunos – pocos – meses después, la expedición no es en efecto sino el inicio.
Viene, del 16 al 18 de marzo próximos el Primer encuentro nacional de desacuerdos y acciones sobre los ríos de Colombia, evento que organiza la misma Fundación. Viene, el 21 de marzo en la ciudad de Barranquilla, el Seminario internacional sobre manejo integral de la cuenca del río Magdalena. Y viene, la tercera pero de seguro no la última herencia de la expedición, un trabajo arduo – que ya comenzó, de hecho- con el propósito de hacer realidad el denominado Proyecto de acción sobre la cuenca alta. “En el fondo” señala Vásquez, “todo tiene que ver con el manejo del agua. La gente debe aprender a racionalizar el consumo, y debe pensar que la actual falta de agua en los embalses no obedece única y exclusivamente al fenómeno de El Niño, sino que obedece igualmente a la increíble devastación de las cuencas”. Aún así, nuestro país cuenta más de 15.000 kilómetros de cuencas, cifras que los ubica en el cuarto lugar del mundo en cuanto a riqueza hidrológica – le anteceden Rusia, Canadá y Brasil -.
Proyecto de acción
El proyecto de acción consta de cuatro fases, y se resume en un listado de 12 objetivos generales y 15 específicos. “La idea principal es que las generaciones futuras puedan volver a disfrutar del río”.
El primero de todos los pasos está en principio dado: se trata de la concientización de la comunidad, de la empresa privada y de los organismos estatales. “ En términos matemáticos, el objetivo es recuperar tres y medio metros de río diariamente. Eso si se tiene en cuenta que es un plan de acción con plazo a 30 años, y que el cauce del río tiene una longitud total de 370 kilómetros”.
No se trata por supuesto de descontaminar el río, tarea que sólo se hace posible con la implementación de las respectivas plantas de tratamiento; se trata, antes que nada, de ponerle freno a la contaminación.
En este orden de ideas, la primera fase se refiere básicamente a la limpieza de la ronda. “Ya tenemos establecido el contacto con seis municipios ribereños, entre los que se cuentan Villapinzón, Gachancipá y Suesca. Se busca en un principio conformar grupos para la limpieza de la ronda y poner en marcha programas de selección de basuras en la fuente. Para esto se necesita el apoyo especial de los colegios y las escuelas”, explica Vásquez. La idea es igual lograr acuerdos de respeto y convivencia entre la comunidad, cosa que haya un compromiso general para no contaminar la ronda.
Segunda fase: remoción de árboles caídos, trabajo mucho más complicado de los que a simple vista parece. Tardaría seis meses llevarlo a cabo –desde el nacimiento del río hasta el municipio de Tocancipá-, en particular si se tiene en cuenta que existe una tarea previa de capacitación de las 20 personas que sobre el terreno harían tal labor. Hay además que convocar a las alcaldías municipales en torno a las jornadas de remoción y –punto importante- trabajar con las personas propietarias de predios en torno al río, para de alguna manera vincularlos también al proyecto. Poco sentido tendría si sólo se hiciera por pedazos.
“Para llevar a término la fase uno, que tendría una duración de seis meses, hemos calculado un presupuesto de $36 millones. El proyecto tiene un costo total de $890 millones”. Pues ya liberada de toda su podredumbre, la ronda será objeto de los cuidados que rara vez – si es que alguna vez lo han hecho – le habrán prodigado. La siembra de 200.000 árboles nativos en dos años, es el objetivo primordial de la fase tres, para la cual se espera contar con el apoyo de la Corporación Autónoma Regional (CAR) de Cundinamarca (que, de acuerdo con el proyecto, estaría en posición de donar los primeros 50.000 árboles).
La fase cuatro, finalmente, consiste en el estudio de los afluentes del río –afluentes de la Cuenca Alta-, con el objetivo primordial de establecer el impacto que los aproximadamente 40 cuerpos de agua tienen en el cauce del Bogotá.
Quién quita. En unos años quizás el río huela un poco menos a alcantarilla, y sea algo, un tanto más navegable de lo que era el año pasado.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Domingo, 22 de Febrero de 1998

TODOS LOS RÍOS DEL MUNDO EN BOGOTÁ
Primero fue la expedición, 15 días a bordo del río Bogotá con el fin de concientizar sobre los problemas de contaminación del cauce. Ahora, cinco meses más tarde, el Primer encuentro nacional de desacuerdos y acciones sobre los ríos de Colombia.
“La idea es intercambiar experiencias sobre recuperación de ríos, debatir en torno a ellas y formular no solamente conclusiones sino líneas de acción concertadas con las autoridades que se hagan presentes allí”, manifestó Fernando Vásquez, director de la organización responsable la Fundación Al Verde Vivo.
El encuentro se llevará a cabo, del 16 al 18 de marzo, en la sede del Hotel Tequendama de Bogotá. Modalidad: mesas de trabajo, cinco en total en el seno de las cuales se debatirán los siguientes temas: producción agropecuaria y ríos; biodiversidad y agua dulce; producción industrial y ríos; la problemática del río Magdalena; medios de comunicación y medio ambiente. “Teníamos igual la intención de organizar una mesa sobre el tema generación de energía y ríos, pero la verdad es que no encontramos acogida en las empresas generadoras, de manera que nos tocó cancelar”. En general, y aparte contadas excepciones –CAR Cundinamarca, Ministerio del Medio Ambiente-, el evento ha generado más simpatías a nivel internacional que a nivel nacional.
“La empresa privada, por ejemplo, que debería estar interesada en el tema del cuidado del agua, nos ha cerrado las puertas, y una entidad como el Dama, que se supone está en el centro de la problemática, no ha demostrado querer vincularse de manera decidida con el asunto”.
Los que llegan
Al encuentro asistirán los representantes de instituciones que han trabajado en la recuperación de ríos como el Yangtzé (China), Guadalquivir (España), Nilo (Egipto), Rhin (Alemania), de la Plata (Argentina), entre otros. Por Colombia vendrán de parte de los ríos Medellín, Cali, Orinoco, Amazonas, Pasto, Guamués, Magdalena, Cauca, Sinú y San Jorge. Valga señalar, sin embargo, que el encuentro incluye también una muestra de tecnologías limpias y de tecnologías ambientales del mundo. “La idea es que haya mucho de pedagogía”.
Este es el primero de varios eventos que la Fundación Al Verde Vivo organizará este año. A saber, el Seminario internacional del manejo integral de la cuenca del río Magdalena, (Barranquilla, 21 de marzo), y el Encuentro nacional de juventudes (Parque S. Bolívar, en mayo).
EL ESPECTADOR
“Primer encuentro de ríos”
RÍOS DEL MUNDO “DESEMBOCARÁN” EN BOGOTÁ
Un vistazo a experiencias de descontaminación del Rhin, Yangtsé, Guadalquivir y Támesis. El certamen se realizará entre el 16 y 18 de Marzo.
La expedición continúa. La aventura “Ponle el corazón al río Bogotá”, que comenzó el año pasado con el recorrido que 30 personas hicieron por este afluente, continuará en Bogotá, entre el 16 y 18 de Marzo con el “Primer encuentro de ríos de Colombia y del mundo”.
Con algo de desconcierto, con los expedicionarios zarparon en botes, con afiches, pocos remos, salvavidas, equipos de fotografía y video, y hasta dos bultos de lombrices, desde Villapinzón hasta Girardot, lugar donde desemboca en el río Magdalena.
De esta forma, la Fundación Al Verde Vivo redescubrió el río en septiembre pasado y obtuvo testimonios del estado total de deterioro, tanto de la calidad de sus aguas como de sus riberas. La expedición dejó ver la indiferencia de la sociedad colombiana frente al río, constatando el carácter de cloaca que se le ha dado.
Ahora, la Fundación organiza este encuentro internacional en el que expertos hablarán de los problemas de los ríos Rhin, Yangtzé, Guadalquivir y Támesis, en Alemania, China, España e Inglaterra, respectivamente, y el Magdalena, Cauca, Cali, Medellín, Sinú, Pasto y Bogotá.
También se presentará la integración fluvial suramericana, con los ríos Orinoco, Amazonas y la Plata.
En el certamen se presentarán los distintos actores de la sociedad que directa e indirectamente afectan un río, ya sea con basuras y aguas residuales domésticas o con residuos industriales.
La idea también es mostrar las experiencias de los ríos colombianos y extranjeros, en las cuales algunas sociedades han logrado manejar el impacto que generan, integrando sus ríos a las actividades ordinarias de la ciudad, tanto recreativas como productivas, incluso para el uso de acueductos.
Aunque se van a mostrar experiencias extranjeras, no se perderá el punto de vista central de ésta Fundación: “darle vida al río asesinado”, el Bogotá.
Algunos de los temas serán: educación ambiental, organización social en torno a la problemática, participación de las organizaciones no gubernamentales en la solución de los problemas, políticas de las instituciones públicas responsables de la gestión de ríos y tecnologías aplicadas a su descontaminación.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Sábado 14 de Febrero de 1998
RECUPERAR EL RÍO BOGOTÁ
Por estos días vienen a nuestra memoria gratos recuerdos del pasado que nos devuelven a los bellos parajes ribereños de aquel Río Bogotá, limpio y cristalino, donde vivían caimanes y peces de todos los colores, a largo y ancho de su recorrido. No era, entonces, esa interminable cloaca contaminada, negra y maloliente que hoy nos avergüenza como colombianos y que pone de manifiesto la insensatez de quienes ciegamente han destruido un valioso patrimonio natural.
Así, acogemos con aplausos la iniciativa de recuperación del río y el impacto favorable que, sobre la toma de conciencia en torno de esa recuperación, debe provocar la expedición que se ha venido desarrollando a lo largo de los últimos días por un grupo de nobles ciudadanos que generosamente han sentado un buen precedente para toda la ciudadanía.
Como bien lo dice el adagio popular, que se explica perfectamente en este caso, más vale tarde que nunca. En efecto aun cuando el deterioro del río ha llegado a niveles verdaderamente dramáticos, en algún momento se debe emprender una tarea de recuperación que les permita a nuestros nietos recuperar la ilusión de disfrutar de sus encantos.
Las experiencias exitosas de recuperación de ríos en otras latitudes del planeta han dejado varias lecciones que son replicables en nuestro país. Se necesita una sólida voluntad política para emprender un proceso de descontaminación que comprenda y comprometa a las distintas autoridades que tienen jurisdicción y competencia en la materia.
Así se requiere un acuerdo claro de colaboración entre las autoridades municipales de las diversas localidades, en conjunto con la Corporación Autónoma Regional y con el Ministerio del Medio Ambiente. Se hace indispensable el apoyo de la empresa privada, del sector industrial, de las empresas del aseo y de la ciudadanía en general. Es imperativa una determinación categórica en material presupuestal que permita destinar muy cuantiosos recursos a este empeño.
El sacrificio de recursos es de alto calibre, sobre todo cuando el grado de descomposición es tan alto. Sin embargo, la inversión bien los justifica. La receta, entonces, que debe ser ingeniosa y creativa en la búsqueda de los recursos de financiación entre las instancias nacionales, la cooperación internacional y las agencias multilaterales de crédito, exige, como elemento fundamental e imprescindible, una alta dosis de paciencia.
En un comienzo habrán de invertirse cuantiosos recursos que arrojarán, en el corto plazo, pocos resultados visibles. Sin embargo, con firmeza se debe mantener la claridad de los propósitos para que una causa de largo aliento pueda madurar sus diversas etapas hasta que se consolide el resultado final.
Por otra parte, y aunque resulte doloroso el ejemplo, la evidencia de deterioro del río Bogotá debe servir como permanente campanazo de alerta para todos los colombianos que sienten, una vocación de protección, conservación y cuidado de nuestros recursos naturales. El río Bogotá aporta el penoso catálogo de lo que no se debe hacer con un río.
Ojalá este caso no se repita y que la experiencia nos sirva para aplicar las políticas educativas, preventivas y curativas encaminadas a salvaguardar la enorme riqueza ecológica que es de todos los colombianos.
PERIÓDICO EL TIEMPO
Lunes 22 de Septiembre de 1997

